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lunes, 9 de enero de 2012

Helmut Newton


Tras un parón importante, debido a los excesos navideños propios de las fechas y atravesar lo más cercano a un estado de hibernación, retomo otra vez el blog. Aunque el parón ha sido considerable, tengo acumulado bastante material interesante que iré colgando en estos días.

Esta vez lo retomo para hablar de uno de los hombres que más me satisface haber descubierto y que, aunque desde luego no es ningún nuevo descubrimiento, tenía que incluir en este blog tarde o temprano.


Mujeres, perversión, lujo, perdición, ambición y zapatos de tacón. Bienvenido a un espectáculo grotesco y elegante. Newton crea un universo propio, y todo ello enmarcado en un escenario lujoso, prácticamente inaccesible, el cual sólo es posible contemplar a través de la mirada del “voyeur”, donde las mujeres son tan poderosas, como bellas. Tenía predilección por retratar una clase de mujeres tanto jóvenes como de mediana edad, de alta posición social y económica, independientes, provocadoras, seguras de sí mismas (obviamente una independencia que en muchas veces era otorgada por la propia clase social a la que pertenecían estas mujeres; podría divagar en la relación entre la independencia de la mujer y su posición social, pero tampoco creo que el trabajo de Newton se limitara a eso y el objetivo de esta entrada es mucho menos pretencioso)… quienes se presentan en su mayor parte desnudas; unas veces, de forma explícita, otras más sutil o parcialmente. Precisamente, una de los aspectos que me parece más digno de admiración es su forma de conseguir que modelos parcialmente desnudas o totalmente vestidas acaben resultando mucho más provocativas o sexuales (unas con más sutileza que otras, pero en cualquier caso sin caer en lo simple) que los desnudos más explícitos o integrales de su obra. Al fin y al cabo, el deseo no es lo que ves, sino una parte de lo que imaginas. Lo que no quiere decir que, por muy sutil que sea, no esté presente lo que en otros contextos podría resultar vulgar; la diferencia es que aquí cuando ésta vulgaridad aparece lo hace de la manera más hermosa y macabra posible.



Sin embargo, lo que más me llamó la atención al descubrir su trabajo fue algo más, bajo toda esa máscara visual. No era sólo una mera cuestión de atrezzo o estética (que también, porque he de decir que desde los vestidos, ese fetichismo hacia determinados objetos como los zapatos de tacón, hasta las exclusivas localizaciones, son de lo que más me gusta de su fotografía; además de que harán de él todo un referente en lo que a fotografía erótica se refiere). Detrás de toda estética hay una ética, y en Newton su forma de tratar el desnudo femenino constituye por sí sola un punto de partida que refleja su concepción de la mujer en sí misma. Se trata de una obsesión por la mujer. Sin embargo, una obsesión a través de la admiración. La desnuda para realzar su belleza, aunque esto no suponga que lo que se muestre siempre sea hermoso o moralmente aceptado... La exhibición del cuerpo de la mujer adquiere aquí un matiz muy distinto de la imagen de la mujer-objeto divulgada por la mitad del patrimonio artístico de la cultura occidental. A propósito de esto, me parece bastante significativo algo tan aparentemente insignificante como su predilección por los retratos fuera del estudio, alegando que, al fin y al cabo, ésta misma en la realidad no se pasaba la vida posando o de pie frente a un fondo de papel.
Creo que la mejor conclusión que podría cerrar esta entrada la da Dian Hansen (entre otras cosas, editora de Taschen, conocida editorial de libros muy especializada en la fotografía erótica) quien desmontaba las convenciones sobre el uso del cuerpo femenino en la fotografía afirmando que mientras el puritano ve el desnudo como algo inconcebible, el libertino siempre lo verá como algo necesario.








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