Marcel Duchamp ha sido siempre uno de mis artistas favoritos desde que pude conocerle, ya no tanto por su arte, sino por el concepto que tenía del mismo y su característico espíritu crítico con el mundo de arte del cual también el formaba parte. Dicha crítica no estaba tan sólo en sus obras, como creaciones suyas portadoras de mensajes deliberados por parte del artista, sino también en la propia historia y las conclusiones que nosotros mismos podamos sacar (al fin y al cabo, no deja de ser paradójico que su obra más famosa,"Fuente", siendo precisamente una crítica hacia la masificación del arte y una provocación acabará (irónicamente) expuesta en un museo y siendo considerada como tal, obra artística). Supongo que esto daría para toda una entrada aparte, aunque tampoco quiero desviarme del tema…
A propósito de un texto que leí recientemente en Internet, va esta entrada, ya que leerlo no ha hecho más que cerciorarme en mi admiración por él.
El fragmento del texto es un de una declaración suya en la Conferencia de la Federación Americana de Artes, que fue publicada en Art News, vol.56, nº 4, 1957.
"Consideremos dos factores importantes, los dos polos de toda creación de orden artístico: el artista por un lado, y por el otro el espectador que, con el tiempo, se convertirá en la posteridad.
Según todas las apariencias, el artista actúa como un ente mediumístico, que, del laberinto más allá del tiempo y del espacio, busca su camino de salida a la claridad.
Si damos los atributos de un médium al artista, debemos, entonces, negarle la facultad de ser plenamente consciente, en el plano estético, de qué es lo que está haciendo o por qué lo hace. Todas sus decisiones en la ejecución artística de la obra se basan en el dominio de la pura intuición, y no pueden ser traducidas en un auto-análisis, habladas o escritas, o incluso, pensadas.
(…) En el último análisis, el artista puede gritar de todos los tejados que él es un genio; tendrá que esperar el veredicto del espectador para que sus declaraciones tomen un valor social y para que, finalmente, la posteridad le incluya entre los principales de la Historia del Arte.
Sé que este enunciado no contará con la aprobación de muchos artistas que rehúsan este rol mediumístico y que insisten en la validez de su plena conciencia en el acto creativo —sin embargo la historia del arte consistentemente ha decidido sobre las virtudes de una obra de arte a través de consideraciones completamente divorciadas de las racionalizadas explicaciones del artista.
Si el artista, como ser humano, pleno de las mejores intenciones hacia sí mismo y hacia el mundo completo, no juega ningún rol en la apreciación de su propia obra, ¿cómo puede uno describir el fenómeno que impulsa al espectador a reaccionar críticamente sobre la obra de arte? En otras palabras, ¿cómo se produce esta reacción?
Pero, antes de ir más lejos, quisiera clarificar nuestro entendimiento de la palabra «arte» —para estar seguros, sin intentar una definición. Lo que tengo en mente es que el arte puede ser malo, bueno o indiferente, pero, cualquiera sea el adjetivo que se use, debemos llamarlo arte, y el mal arte es aún arte, del mismo modo que una mala emoción sigue siendo una emoción.
(…) En el acto creativo, el artista va de la intención a la realización, a través de una cadena de reacciones totalmente subjetivas. Su lucha hacia la realización es una serie de esfuerzos, penurias, satisfacciones, renuncias, decisiones, que tampoco son, y no deben serlo, completamente auto-conscientes, por lo menos, en el plano estético.
El resultado de esta lucha es una diferencia entre la intención y su realización, una diferencia de la que el artista no se da cuenta.
Consecuentemente, en la cadena de reacciones que acompañan el acto creativo, un eslabón está faltante. Esta separación que representa la inhabilidad del artista para expresar totalmente su intención; esta diferencia entre lo que se ha intentado realizar y lo efectivamente realizado, es el «coeficiente de arte» personal contenido en la obra.
En otras palabras, el «coeficiente de arte» personal es como una relación aritmética entre lo inexpresado pero intentado, y lo expresado no intencionalmente.
(…)El acto creativo toma otro aspecto cuando el espectador experimenta el fenómeno de transmutación; por el cambio de materia inerte a obra de arte, es una transubstanciación la que ha tomado lugar, y el rol del espectador será determinar el peso de la obra en la escala estética.
En suma, el acto creativo no es desempañado por el artista solamente; el espectador lleva la obra al contacto con el mundo exterior por medio del desciframiento y la interpretación de sus cualidades internas y así agrega su contribución al acto creativo. Esto se hace aún más obvio cuando la posteridad da su veredicto final y algunas veces rehabilita a artistas olvidados."
Lo que me parece que hace de este artículo digno de ser conocido es que trata algo tan importante, como poco considerado: no habla sólo del arte como fruto del artista, sino también como fruto del espectador. Nos involucra así en la creación artística, algo que no se tiene tanto en cuenta ya que a diferencia de muchos otros teóricos del arte que creen qeu el arte sólo se define por quien lo hace , ya que el artista siempre expresará inevitablemente en su obra sus aspectos más inconscientes. Sino, ¿qué sentido tendría el análisis artístico más allá de la estética, la superficialidad o las declaraciones conscientes del artista?
Asimismo, no estoy de acuerdo con el elistismo que ha reinado siempre a la hora de juzgar el arte, y aunque no creo que esto está necesariamente expresado en el artículo de Duchamp, sí da pie a reflexionar sobre ello. De hecho, cuando habla de la contribución del espectador a la interpretación de la obra lo hace en términos génericos. Es decir, no creo que alguien tenga que ser crítico de arte o muy conocedor de un género artístico concreto como para interpretarlo y dar pie a reflexiones tan válidas como las de otra persona, un crítico, que pueden estar argumentadas con más o menor rigor, pero opiniones al fin y al cabo.