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martes, 31 de enero de 2012

Palabra de Duchamp.

Marcel Duchamp ha sido siempre uno de mis artistas favoritos desde que pude conocerle, ya no tanto por su arte, sino por el concepto que tenía del mismo y su característico espíritu crítico con el mundo de arte del cual también el formaba parte. Dicha crítica no estaba tan sólo en sus obras, como creaciones suyas portadoras de mensajes deliberados por parte del artista, sino también en la propia historia y las conclusiones que nosotros mismos podamos sacar (al fin y al cabo, no deja de ser paradójico que su obra más famosa,"Fuente", siendo precisamente una crítica hacia la masificación del arte y una provocación acabará (irónicamente) expuesta en un museo y siendo considerada como tal, obra artística). Supongo que esto daría para toda una entrada aparte, aunque tampoco quiero desviarme del tema…
A propósito de un texto que leí recientemente en Internet, va esta entrada, ya que leerlo no ha hecho más que cerciorarme en mi admiración por él.
El fragmento del texto es un de una declaración suya en la Conferencia de la Federación Americana de Artes, que fue publicada en Art News, vol.56, nº 4, 1957.

"Consideremos dos factores importantes, los dos polos de toda creación de orden artístico: el artista por un lado, y por el otro el espectador que, con el tiempo, se convertirá en la posteridad.
Según todas las apariencias, el artista actúa como un ente mediumístico, que, del laberinto más allá del tiempo y del espacio, busca su camino de salida a la claridad.
Si damos los atributos de un médium al artista, debemos, entonces, negarle la facultad de ser plenamente consciente, en el plano estético, de qué es lo que está haciendo o por qué lo hace. Todas sus decisiones en la ejecución artística de la obra se basan en el dominio de la pura intuición, y no pueden ser traducidas en un auto-análisis, habladas o escritas, o incluso, pensadas.

(…) En el último análisis, el artista puede gritar de todos los tejados que él es un genio; tendrá que esperar el veredicto del espectador para que sus declaraciones tomen un valor social y para que, finalmente, la posteridad le incluya entre los principales de la Historia del Arte.

Sé que este enunciado no contará con la aprobación de muchos artistas que rehúsan este rol mediumístico y que insisten en la validez de su plena conciencia en el acto creativo —sin embargo la historia del arte consistentemente ha decidido sobre las virtudes de una obra de arte a través de consideraciones completamente divorciadas de las racionalizadas explicaciones del artista.

Si el artista, como ser humano, pleno de las mejores intenciones hacia sí mismo y hacia el mundo completo, no juega ningún rol en la apreciación de su propia obra, ¿cómo puede uno describir el fenómeno que impulsa al espectador a reaccionar críticamente sobre la obra de arte? En otras palabras, ¿cómo se produce esta reacción?

Pero, antes de ir más lejos, quisiera clarificar nuestro entendimiento de la palabra «arte» —para estar seguros, sin intentar una definición. Lo que tengo en mente es que el arte puede ser malo, bueno o indiferente, pero, cualquiera sea el adjetivo que se use, debemos llamarlo arte, y el mal arte es aún arte, del mismo modo que una mala emoción sigue siendo una emoción.

(…) En el acto creativo, el artista va de la intención a la realización, a través de una cadena de reacciones totalmente subjetivas. Su lucha hacia la realización es una serie de esfuerzos, penurias, satisfacciones, renuncias, decisiones, que tampoco son, y no deben serlo, completamente auto-conscientes, por lo menos, en el plano estético.
El resultado de esta lucha es una diferencia entre la intención y su realización, una diferencia de la que el artista no se da cuenta.

Consecuentemente, en la cadena de reacciones que acompañan el acto creativo, un eslabón está faltante. Esta separación que representa la inhabilidad del artista para expresar totalmente su intención; esta diferencia entre lo que se ha intentado realizar y lo efectivamente realizado, es el «coeficiente de arte» personal contenido en la obra.
En otras palabras, el «coeficiente de arte» personal es como una relación aritmética entre lo inexpresado pero intentado, y lo expresado no intencionalmente.

(…)El acto creativo toma otro aspecto cuando el espectador experimenta el fenómeno de transmutación; por el cambio de materia inerte a obra de arte, es una transubstanciación la que ha tomado lugar, y el rol del espectador será determinar el peso de la obra en la escala estética.
En suma, el acto creativo no es desempañado por el artista solamente; el espectador lleva la obra al contacto con el mundo exterior por medio del desciframiento y la interpretación de sus cualidades internas y así agrega su contribución al acto creativo. Esto se hace aún más obvio cuando la posteridad da su veredicto final y algunas veces rehabilita a artistas olvidados."

Lo que me parece que hace de este artículo digno de ser conocido es que trata algo tan importante, como poco considerado: no habla sólo del arte como fruto del artista, sino también como fruto del espectador. Nos involucra así en la creación artística, algo que no se tiene tanto en cuenta ya que a diferencia de muchos otros teóricos del arte que creen qeu el arte sólo se define por quien lo hace , ya que el artista siempre expresará inevitablemente en su obra sus aspectos más inconscientes. Sino, ¿qué sentido tendría el análisis artístico más allá de la estética, la superficialidad o las declaraciones conscientes del artista?
Asimismo, no estoy de acuerdo con el elistismo que ha reinado siempre a la hora de juzgar el arte, y aunque no creo que esto está necesariamente expresado en el artículo de Duchamp, sí da pie a reflexionar sobre ello. De hecho, cuando habla de la contribución del espectador a la interpretación de la obra lo hace en términos génericos. Es decir, no creo que alguien tenga que ser crítico de arte o muy conocedor de un género artístico concreto como para interpretarlo y dar pie a reflexiones tan válidas como las de otra persona, un crítico, que pueden estar argumentadas con más o menor rigor, pero opiniones al fin y al cabo.

martes, 10 de enero de 2012

Takato Yamamoto

Takato Yamamoto, cartelista e ilustrador japonés, es uno de mis artistas favoritos y que más me alegra haber conocido. En su pintura se aprecia una peculiar mezcla entre los grabados clásicos del arte japonés y el arte europeo de finales del XIX.

Me fascina lo macabras que pueden llegar a ser algunas de sus pinturas, al mismo tiempo que tremendamente hermosas y elegantes.









"Diccionario del Diablo"

Abandonado, s. y adj. El que no tiene favores que otorgar. Desprovisto de fortuna. Amigo de la verdad y el sentido común.

Belladona, s. En italiano, hermosa mujer; en inglés, veneno mortal. Notable ejemplo de la identidad esencial de ambos idiomas.

Hombre, s. Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que cree ser, que olvida lo que indudablemente debería ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie que, a pesar de eso, se multiplica con tanta rapidez que ha infestado todo el mundo habitable, además del Canadá.

Lobisón, s. Lobo que fue una vez, o es a veces, un hombre. Todos los lobisones tienen un carácter maligno, pues han asumido una forma bestial para gratificar un apetito bestial; pero algunos, transformados por artes de brujería, son tan humanos como lo permite su gusto adquirido por la carne humana.

Locura, s. Ese "don y divina facultad" cuya energía creadora y ordenadora inspira el espíritu del hombre, guía sus actos y adorna su vida.


Satanás, s. Uno de los lamentables errores del Creador. Habiendo recibido la categoría de arcángel, Satanás se volvió muy desagradable y fue finalmente expulsado del Paraíso. A mitad de camino en su caída, se detuvo, reflexionó un instante y volvió.


--Quiero pedir un favor --dijo.
--¿Cuál? --Tengo entendido que el hombre está por ser creado. Necesitará leyes.
--Qué dices miserable! Tú, su enemigo señalado, destinado a odiar su alma desde el alba de la eternidad, ¿tú pretendes hacer sus leyes?

--Perdón; lo único que pido, es que las haga él mismo.

Y así se ordenó.


Ambrose Bierce

Cine Quinqui

El cartel que se ve en la foto y que encontré el otro día abandonado en mi habitación dentro de una caja llena de polvo con demás trastos inútiles, me hizo recordar una exposición pasada que tuvo lugar en la Casa Encendida de Madrid y a la que fuí hará ya dos años. La verdad es que apenas suelo ir a este tipo de cosas, y no porque no me guste, más bien no me informo lo suficiente o normalmente si me interesan me entero lo suficientemente tarde como para que la exposición haya finalizado ya.
A lo que iba. La exposición trataba sobre ese género cinematográfico que surgió en la España de los 80, el "cine quinqui". Al mismo tiempo, recogía artículos de prensa del momento, carteles originales de películas, fotografías, y demás documentos de la época con el fin de contextualizarlo. La verdad es que tampoco era gran cosa, pero a mí me gustó, aunque sólo fuera por la originalidad de la propuesta y que personalmente el cine quinqui me encanta.
Aquí dejo un par de secuencias de las películas "Deprisa, Deprisa" (1980, Carlos Saura) y Navajeros (1980, Eloy de la Iglesia). Tampoco son las mejores de las películas, pero algo es algo. De lo que más me gusta del cine español. Descarao.

 

Blogs Recomendados:

"Zombies en el Ghetto"- http://zombiesenelghetto.tumblr.com/

Fotos bastante buenas en este blog.

"No Class Rats"- http://noclassrats.blogspot.com/

Un poco de motos , cosecha propia y carretera desde Zaragoza... Además de majos, emprendedores!

Re-lecturas vacacionales: Un mundo fantasmal.







Sólo Contra Todos

[MORALITY, in huge block letters, is displayed against a black screen at opening of film
[cut to a man holding court, talking to another patron while sitting at a table in a bar]

Every Man his Moral: You know what Morality is? I'll tell you what it is. Morality is made for those who own it. The rich. And you know who's always right? The rich. And the poor pay the price.

[cut to the word JUSTICE displayed and then back to bar]
Every Man his Moral: You want to see my Morality?
Captive bar patron: Yeah.
Every Man his Moral: Yeah?
Captive bar patron: Yeah.
Every Man his Moral: Sure you won't regret it?
Captive bar patron: I don't know.
Every Man his Moral: I think it's gonna scare you. Take a look.
[Pulls out and displays an automatic pistol]
Every Man his Moral: That's Morality for you. You know why I carry this around? Huh? Because the guy in blue who shows off his Morality, dig? He's got the upper hand, dig? He and his fucking Justice. But I... But I... Here's my Justice.
[bar patron is obviously disturbed but is trying hard not to show his discomfort]
Every Man his Moral: Whether you're right or whether you're wrong. Same difference, friend.
[He finally stops waving the pistol and with a sense of satisfaction puts it back beneath his leather jacket]


Fragmento extraído del guión de "Seul Contre Tous", por Gaspar Noé.

lunes, 9 de enero de 2012

"C'est arrivé près de chez vous."

(Benoît Poelvoorde comparte con el equipo de TV sus más oscuros consejos).