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martes, 10 de enero de 2012

Objeto Imposible

"Daga de triple hoja"

Mi objeto imposible se trata de una daga. Su peculiaridad está en que consta de dos hojas de cuchillo en la empuñadura (colocadas de forma perpendicular, como se aprecia en el diseño), además de la habitual hoja que sale de la misma. Esto la hace imposible, ya que al empuñarla todo aquel que la utilice se infringirá a sí mismo el mismo daño que contra quien la está usando.


Diseño del Objeto Imposible (sí, los degradados no son mi fuerte).

 
La inspiración surgió sola,  sin embargo, finalmente me decidí por la idea ya que casualmente, estaba haciendo un trabajo de Dalí para clase de Movimientos Artísticos Contemporáneos.
Mi idea se centro al ver concretamente dos de sus cuadros: "Premonición de la Guerra Civil" y "Canibalismo de otoñal", ambos de 1936. La fecha crucial denota que la interpretación de ambos es indisoluble de su contexto: el primero trata sobre las construcción de dos figuras humanas que sólo constan de extremidades con las que se aplastan entre ellas, mientras que el segundo muestra a dos personas que se devoran el uno al otro. En definitiva, dos partes de una misma cosa que se devoran y destruyen mutuamente, incluidas a sí mismas. Mi "Daga de triple hoja" no deja de representar la destrucción propia simultánea a la destrucción del otro, por lo que creo que la metáfora sigue aquí presente.

"Construcción blanda con judías- Premonición de la Guerra Civil" Dalí (1936)

"Canibalismo de otoño" Dalí (1936)

WANTED:

(Cartel de la exhibición "Wanted: Helmut Newton-Larry Clark-Ralph Gibson" en Berlín 2007, fuente: http://www.helmut-newton.com/)

Tal vez les busquen por ser de la mafia... tal vez sólo por sus fotografías y su arte... pero opto por la posibilidad de que son unos gangsters.

Bernardo Palomo.

 Trabajito para Fundamentos Psicosociales del año pasado, realizado con unos compañeros de clase.
Y  sí, aunque sea un corto muy, muy corto, el objetivo quedó cumplido: plasmar la teoría del Conductismo que, entre otros, Pavlov desarrolló tras numerosos experimentos que se basaban en el sometimiento a unos impulsos y la represión de la conducta mediante su relación con éstos. Exactamente igual que Bernardo Palomo, nuestro desdichado protagonista, quien tras sufrir de pequeño un traumático y fortuito accidente con una paloma, quedará marcado de por vida... asimilando el incesante ruido de los claxons de los coches del centro de Madrid con el excremento de paloma que cuando era sólo un niño le cayó del cielo.



Sin embargo, aunque nuestra capacidad interpretativa y narrativa queda de sobra demostrada en apenas 1min.08seg. no era este el tema principal de mi entrada. Fundamentalemente, un pretexto para plantearme si el trabajo en grupo resulta más positivo que negativo, o viceversa.
Más que enfrascarme en una lista interminable de pros y contras sobre el tema como si de una lista de la compra se tratase, no creo que el trabajo en grupo tenga que ser radicalmente encuadrado en una de las dos categorías. Que presenta tantos inconvenientes como beneficios está claro. Aunque reconzco que soy la primera que muchas veces admite que prefiere trabajar individualmente que en grupo, ya que prefiero que mi trabajo sea más personal y la responsabilidad del resultado del mismo recaiga sólo en mí (algo, claro está, no siempre beneficioso), que no es la opinión del grupo o de otras personas.

De ahí, que crea que más que un tema de debate (como se planteó en su día en clase), es trata de un tema personal al fin y al cabo. En definitiva, el trabajo en grupo es perjudicial o beneficioso en la medida en la que las personas que lo llevan a cabo están más predispuestas a aceptar opiniones ajenas, que muchas de sus ideas se desechen por no gustar a todos los del grupo (aunque él si las llevaría a cabo), asumir tareas que no son las que más le gusten, pero que debe realizar... a cambio de economizar esfuerzos, tiempo, y posiblemente contar más ideas diferentes en un menor período de tiempo y sobre un mismo tema o problema.

Blogs Recomendados:

"Zombies en el Ghetto"- http://zombiesenelghetto.tumblr.com/

Fotos bastante buenas en este blog.

"No Class Rats"- http://noclassrats.blogspot.com/

Un poco de motos , cosecha propia y carretera desde Zaragoza... Además de majos, emprendedores!

Horrorama.

Inez Van Lamsweerde

Unknown artist

Unknown artist

Peter Beste, del libro: "True Norgewian Black Metal".

Unknown artist

Takato Yamamoto

"Seis sombreros para pensar", por Edward de Bono.

(Montaje realizado sobre fotografía original de: http://www.flickr.com/photos/normavalentine)

Tras dedicar toda una clase al ejercicio práctico de la teoría de Edward de Bono que da título a esta entrada, dejaré aquí constancia de ello.

De Bono, escritor y psicólogo centrado en todo lo concerniente al pensamiento, es fundamentalmente conocido por acuñar el término “pensamiento lateral”. Como ya expliqué en la entrada acerca de los bloqueos, la importancia de este elemento psicológico para la creatividad es decisiva. De Bono se sumergirá en ésta, y entre otras cosas, elabora la teoría de los “Seis sombreros” (a los que luego les seguirá finalmente un séptimo): la sinestesia y la aparente simplicidad del planteamiento, se combinan con lo  ilustrativo de su propuesta. La interacción entre los diferentes sombreros de distinto color, cada uno con sus respectivas cualidades y valores asociados, da lugar a una herramienta muy a tener en cuenta a la hora de trabajar y coordinarse en grupo. Asimismo, lo que plantea de Bono nos remite al pensamiento lateral, en cuanto a la multiplicidad de visiones y perspectivas que podemos sacar de una misma situación.

Lo que más curiosidad me produjo es enterarme de la existencia de otra de sus obras, “Seis zapatos para la acción”, lo que da pie a reflexionar sobre como todo pensamiento, por muy brillante que sea, resultará insignificante en la práctica si luego no es efectivamente llevado a cabo.
Para mí, el planteamiento de De Bono, al fin ya al cabo, no deja de ser una metáfora sobre lo importante que más que la realidad en sí misma, es el cristal a través del cual decidamos verla; algo que abarcaría mucho más que un simple mecanismo de trabajo en grupo, siendo extrapolable a nuestra forma de vivir (y pensar) la vida.

Blanco: Hace referencia a la información y la neutralidad.
Negro: Representa a su vez dos aspectos diferentes y polos opuestos. Simboliza tanto la negatividad, como la identificación con la figura de “abogado del Diablo” (aspecto positivo). Es muy poco democrático.
Rojo: La intensidad se concentra en grandes proporciones en este sombrero. La pasión y el entusiasmo son sus principales características. Este derrocho de emociones fuertes hace que, al igual que el Sombrero Negro, sea muy poco democrático.
Amarillo: Representa lo posibilista (indagando en lo que es posible, vemos aquí muy bien representado el “pensamiento lateral”, en cuanto a diferentes posibilidades en la resolución de problemas). No se cierra a nada, lo cual es algo positivo.
Verde: Aquí se presentan la originalidad y la innovación. Por lo tanto, lleva implícito el atrevimiento.
Azul: El más democrático de todos, junto con el Sombrero Blanco. El equilibrio y la organización son sus cualidades más destacadas.
Morado: El último sombrero en ser añadido. El color morado se identificará con los servicios sociales (todo aquello que tenga que ver lo social: respeto, no-violencia, color del género…).

A propósito de los bloqueos.

¿Hay gente más predispuesta a la creatividad que otra? Indudablemente sí. Si queremos analizar las razones de nuestros bloqueos, me parece fundamental partir de esta idea. Suponiendo que nazcamos en igualdad de condiciones biológicas (las cuales ya de por sí tienden a limitar nuestra creatividad), desde nuestro nacimiento nuestra educación y contexto serán los mayores condicionantes que determinarán de forma fundamental nuestro desarrollo de la capacidad creativa.

¿Por qué nos bloqueamos, entonces? Se podría decir que ni nuestras condiciones biológicas, ni nuestras condiciones sociales o culturales tienden a favorecer la creatividad.
En primer lugar, el pensamiento humano está diseñado para no ser creativo. Me explico: en resumidas cuentas, la organización del pensamiento en nuestro cerebro se dividiría entre el pensamiento vertical (el cual crea patrones de conducta y adapta las novedades a lo ya conocido) y el pensamiento lateral (explora nuevas y diferentes soluciones para un mismo problema). Nuestro pensamiento está diseñado para escoger siempre la ruta más eficaz (economizar esfuerzo y tiempo), y se organiza en categorías, de forma que las categorías más utilizadas serán las que se colocarán en los posiciones más accesible de nuestro pensamiento. El pensamiento lateral por el contrario se explora cuando desarrollamos diferentes conductas para conseguir un mismo objetivo. Explora nuevos enfoques alternativos que, aunque no estamos acostumbrados a usar, pueden ser tanto o más eficaces que los evidentes. En definitiva, ambos son complementarios y necesarios, ya que mientras que el primero selecciona la información más relevante, el segundo explica las conductas creativas de las personas.
Sin embargo, su desarrollo no siempre se potencia, y nuestra mente es muy susceptible de influencias externas que lo limiten: las restricciones a la creatividad que se nos imponen tienen mayor efecto si se nos imponen desde una edad temprana y a medida que se hacen más frecuentes.

Pero volviendo a la pregunta inicial, es innegable que también otro tipo de factores externos e internos influirán en que nos bloqueemos en mayor o menor medida, y con diferencia de unas personas a otras. La presión, los límites de tiempo, la imposición de trabajar sobre un tema determinado… Pero también son muy importantes aspectos internos de nosotros mismos como la autoestima o la frustración con resultado de nuestro trabajo. Esta última me parece especialmente interesante, ya que muchas veces determinadas ideas o conceptos fluyen en tal medida en nuestro pensamiento que el problema está más en que éstas sean difíciles de plasmar (requerirán mucha más fluidez a la hora de expresarlas con palabras o materialmente) y no que la idea en sí misma no merezca la pena. En definitiva, por muchos impedimentos externos que limiten nuestra creatividad, a la hora de impedir los bloqueos y ser creativos la última palabra la tenemos nosotros.